Para nadie es un secreto que Valparaíso tiene muchos tesoros; por algo es conocido como “la joya del Pacífico”. Su gente, su street art, su historia y sus ascensores son los iconos más reconocibles del puerto principal chileno. Pero ¿hay algo más allá de lo típico? Aquí algunos de los mejores secretos del cerro Cordillera.

No hay duda que el cerro Alegre se ha convertido en uno de los sectores más turísticos de esta ciudad porteña, logrando reunir en un solo lugar a los grandes atractivos de Valparaíso. Sin embargo, poco a poco ha comenzado a sonar también el Cordillera. Iniciando su base en la famosa plaza Sotomayor, este cerro no es parte de los típicos atractivos turísticos del puerto, y por eso mismo posee encantos ocultos que ningún viajero debe dejar pasar. Si bien se ha mantenido como una zona residencial sin mucho desarrollo turístico, el cerro Cordillera es poseedor de una destacada historia que data del siglo XVII, albergando grandes viviendas de ricas familias nacionales y extranjeras, que contrastan con las pequeñas casas de los trabajadores portuarios de la época. Dando un paseo por las adoquinadas calles de este rincón porteño me encontré con la sorpresa de que este cerro tiene encantos que ningún otro posee.

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La renovada escalera Cienfuegos: Este famoso y colorido icono del Cordillera lleva años siendo el mejor spot para las fotos. Desde la calle Serrano sus 160 peldaños unen el plano de Valparaíso con la parte alta del cerro. Subirla no es fácil, pues su empinada pendiente no es recomendable para aquellos que no disponen de buena condición física; sin embargo, durante años fue el único medio disponible para poder llegar a la cima, porque el ascensor estuvo cerrado. Hoy estas escaleras –que fueron renovadas por alumnos del Duoc UC– siguen siendo el acompañante perfecto del ascensor Cordillera, el segundo más antiguo de Valparaíso y el tercero a nivel mundial, inaugurado en 1886. La foto perfecta aún tiene su escenario perfecto.

Los vestigios del fuerte San José: El sitio en el que se alza el Museo del Mar Lord Cochrane albergó durante el siglo XVII al primer fuerte que defendió a Valparaíso de los ataques corsarios. Pero como Chile es país de terremotos, los movimientos sísmicos dejaron el castillo en ruinas y hoy solo se preserva el muro, que se puede ver desde abajo del cerro. Un relojero escocés, Joan Mouat, adquirió parte del terreno y construyó ahí la casona que hoy funciona como museo itinerante, y que además es dueña de una de las vistas más bonitas del puerto. Para llegar debes subir el ascensor Cordillera, que está al costado de la escalera Cienfuegos, al llegar arriba giras a la izquierda y te encuentras con el Museo Cochrane. Simplemente, no hay que dejar de ir. Dónde queda: Calle Merlet 195; subiendo por la escalera o ascensor, continuas por calle Castillo y la primera es Merlet, tomar la izquierda.

Osita, la perra más fotogénica del puerto: Cómo no visitarla. Ella representa uno de los emblemas más insignes de este cerro y, lo mejor, es que lo sabe. En un pasaje cercano al Museo Cochrane se encuentra una hermosa casa poseedora de uno de los murales más bellos de Valparaíso; un retrato perfecto del ascensor Cordillera y del puerto, pero también de una perra. Como si supiera que es un atractivo, Osita posa en la misma posición que fue retratada y se queda ahí, lista para la foto. Dicen que se mueve muy poco porque está cómoda en ese lugar, ya que los vecinos le dan agua y comida. Ella es Osita, la regalona. Dónde queda: Calle Merlet; subiendo por la escalera o ascensor, continuas por calle Castillo y la primera es Merlet, tomar a la derecha.

KafeArte y sus chismosos gatos: Si se quiere visitar una cafetería buena, bonita y barata, KafeArte es el lugar indicado. Ubicado a un costado del ascensor Cordillera, allí no solo destacan sus tés, cafés y jugos naturales, sino también sus cuatro gatos, los cuales pasan sentados en la ventana mirando lo que sucede en la calle. En conjunto crean una de las escenas más divertidas para quienes los ven, porque probablemente conocen más secretos e historias que cualquier porteño. Los vecinos cuentan que en un principio eran doce, pero con el paso del tiempo fueron muriendo. Hoy los cuatro gatos que quedan actúan como una especie de anfitriones para cualquiera que se quiera ir a tomar un buen café. ¿Te apetece?

* Artículo original publicado en Faro.travel

ACTUALIZACIÓN OCTUBRE 2017: El ascensor Cordillera está en reparaciones, por lo que se sugiere subir la escalera haciendo pausas.