¿Qué hay en medio de la cordillera de la Costa chilena? ¿Vivirá gente o es solo flora y fauna? La respuesta es: sí, vive gente y son familias que llevan años instaladas en el lugar; algunas de ellas han aprovechado su hermoso entorno y han instalado allí la posibilidad de hacer turismo. Bienvenidos a Colliguay.

Como soy periodista, muchas veces tengo la oportunidad de conocer gente de otros lugares, todo esto viajando por trabajo o haciendo entrevistas a distancia. Algunas de ellas son por Skype o teléfono, según lo que se requiera en ese momento; y las ganas de conocer el sitio donde viven o trabajan, siempre son altas.

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Aprovechando que el último fin de semana de junio 2017 estábamos con mi familia (mi abuelo, mis papás y mi hermano) en Viña del Mar, los convencí de ir a conocer (y comer) el sitio turístico de Karina Santibañez, un rincón en plena Cordillera de la Costa de Chile en la misma V región. Turismo Rural Los Álamos era nuestro destino.

El camino 

Nos fuimos desde Viña del Mar hasta Quilpué y luego tomamos Lo Orozco, como si nos fuésemos a Santiago. Pero no, no nos íbamos a la capital. Un poco después del cruce Los Perales hay una bifurcación que te lleva a Colliguay si doblas a la izquierda (OJO: si vines de Santiago, al estar por Lo Orozco ese giro es a tu derecha). De ahí en adelante ya sabíamos que estaríamos en Colliguay. O al menos en eso confiábamos.

Estábamos todos felices y, por qué no decirlo, muertos de hambre. Habíamos salido a las 13 horas de Viña del Mar y llegar hasta nuestro destino nos tomaría poco más de una hora, aunque para nuestros estómagos era algo así como el doble de tiempo. Pero íbamos felices.

Los Alamos mapa

Cuando doblamos hacia Colliguay nos dimos cuenta que el camino era pavimentado, así que estábamos todos relajados. Desde esa bifurcación hasta Turismo Rural Los Álamos nos tomaría unos 40 minutos, así que sabíamos que teníamos que esperar por comer un poco de tiempo más.

Muy confiados en el mapa que teníamos, seguimos siempre adelante hasta que comenzó un camino de curvas y ya no era de asfalto, era de tierra. Gracias a que mi papá es un buen conductor, con mucha precaución dobló cada una de las curvas que nos hacían subir las montañas de la Cordillera de la Costa chilena. Mientras seguíamos nos dábamos cuenta que no había nadie en el lugar y que si llegaba un ataque zombie poco y nada podíamos hacer.

Pero luego de un buen rato sin ver vida humana, comenzamos a encontrar unas casas y nuevamente el camino era asfaltado. Y obvio que ahí nos invadía la duda, no encontrábamos el lugar donde queríamos ir y decidí bajar del auto y preguntar en una casa: “Hola señor ¿sabe dónde queda Los Álamos?”, pregunté a un hombre que vi en el patio de su casa y me respondió: “solo siga 3 kilómetros más y llega, va por buen camino”; como si hubiese adivinado mi preocupación.

Y… ¡llegamos!

Hora de comer

No es solo porque veníamos muertos de hambre pero veíamos los platos en las otras mesas y… ¡se nos antojaba todo! Karina, una de las dueñas, nos estaba esperando con la mesa reservada y al sentarnos nos pregunta: “¿Qué empanada desea comer? ¿Pino o queso?”. Esa era la entrada de este menú típico chileno que se iba a devorar nuestros estómagos. A mí me habían comentado que la empanada de pino de este lugar era demasiado buena. Así que la pedí y ¡lo era! Qué ganas de haber comido más de una (es que era un placer comerla).

Luego Karina nos preguntó por nuestros platos de fondo que incluía una selección de gastronomía chilena y yo me fui por el clásico pastel de choclo que, como lo dije en la mesa a mi familia, es uno de los tres que más me a gustado. Los otros dos son los preparados por mis abuelos. Estaba tan, pero TAN bueno, que disfrutaba cada vez que me llevaba el tenedor a la boca. Mi tata había pedido una botella de vino y juntos tomamos unas copas, el complemento perfecto para cualquier comida.

“No es solo porque veníamos muertos de hambre pero veíamos los platos en las otras mesas y ¡se nos antojaba todo!”.

Mis padres y mi hermano se pidieron costillar y carne al jugo, que puede ser con arroz, puré o papas mayo. Lo rico es que TODOS los platos incluyen ensalada.

Y en un menú no puede faltar el postre.

Lo genial de todo este placer de comer, fue que los menús cuestan entre CL$5.000 a CL$7.000 e incluye el tan preciado pan amasado con pebre, un clásico en la mesa chilena. Pero la experiencia no sólo se queda ahí.

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Un entorno natural 

Una vez con nuestros estómagos llenos (menos mal jajajaja) había que disfrutar el paisaje. Un entorno maravilloso que da salida al estero Puangue, que llega hasta Curacaví. ¡Obvio que fuimos! Solo mira las fotos de lo que te puedes encontrar si decides pasar un día por aquí. Lindas fotos, ¿no?

Y llegó la hora de retornar. Fue un día increíble con una comida deliciosa y un paisaje perfecto. ¿La atención? Muy buena, atendida por sus dueñas y, lo más importante de todo, es que guardan una tradición familiar de más de 50 años, con los recuerdos de los abuelos de Karina, quienes iniciaron este negocio como residencial, pero que hoy también se ofrece como restaurant y camping. ¿Qué mejor que comer delicioso gracias a antiguas recetas que han pasado por generaciones?

¡OJO!: Disfrute segundo a segundo de las empanadas de pino, porque … ¡es perfecta! Y si puede, llévese unas cuantas a su casa.

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*Este post es a título personal y no hay compromiso colaborativo ni patrocinio con Turismo Rural Los Álamos. Las opiniones vertidas son en base a la experiencia vivida.