Hace tres meses que se inauguró y ya cuenta con aproximadamente 2 mil visitas. Representando a AChileTB, la 1ª Asociación de Blogs de Viajes de Chile, fui a este lugar para no solo poder catar vinos, sino que vivir una experiencia sensorial. Aquí les cuento mis impresiones.

Miércoles 2 de agosto y yo viajaba de Viña del Mar a Santiago de Chile para poder ir a Vinolia. Me comentaban que era una experiencia, así que ganas no me faltaban, además, que soy una amante del vino (como buena chilena) así que tampoco iba a desechar la invitación.

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Enclavado en uno de los barrios más lujosos de la ciudad -y por qué no decirlo, del país-, en plena comuna de Vitacura entre las calles Alonso de Córdova y Nueva Costanera, se encuentra Vinolia, que se presenta bajo el lema “La aventura del vino”. Ahí estaba yo para ver si era cierto.Vinolia 1

Eran las 16.30 horas cuando en el lugar me encuentro con Mónica, conocida bloguera argentina de Alma Viajera Moda. Ambas ya listas para ver qué es lo que ofrece Vinolia y si es tan cierto que es una “experiencia”. Junto a otras personas que estaban haciendo este “tour” entramos a la llamada “Sala de los sentidos”. Su nombre no es una casualidad. Porque antes de catar vinos, hay que estar relacionados con sus aromas e intentar reconocer de dónde provienen estos olores; y la tarea no es fácil, son 48 aromas los que están disponibles para apreciar.

Pero la “Sala de los sentidos” no está hecha al azar, pues hay una preocupación mayor por esta área, para que se sienta la idea de que estamos dentro de una viña, del sector de barricas. Tiene un olivo en su interior, sus lámparas son de mimbre y sus paredes y suelo no están compuestos de cualquier madera: roble en formato de duela empotrado en una de la paredes.

Con Mónica reconocíamos algunos aromas, porque nos rememoraban a algunos dulces o a episodios de la vida: “mi mamá cocinaba con esto”, “esto es como el árbol de…”, “esto se parece a…”; así como también decíamos que era un olor y nada que ver. Pero tampoco son 48 olores presentados en 12 mesas al azar, sino que se encuentran los aromas primarios, secundarios y terciarios, donde los primeros son más potentes que los otros.

Posteriormente a explotar nuestro sentido del olfato (menos mal que existe el café para neutralizar, en realidad, menos mal que existe el café jajajaja) nos fuimos a la sala de “Cine y cata”. ¿Cine? Sí, porque es como estar en una sala de cine con una gran pantalla que va mostrando videos del valle de dónde provienen los vinos que vamos a catar, además de videos de cada viña antes de probar alguno de los vinos. Cada fila tiene 6 puestos que contienen: 5 copas de vino, quesos, una botella de agua y una fuente personal para escupir el vino en caso de que no quieras tomarlo (ese no es mi caso). Y comenzamos con esta segunda experiencia.

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Estábamos frente a 5 copas de vino de distintas viñas del Valle de Casablanca. De izquierda a derecha nos encontramos con vinos blancos a tintos, catando desde el más suave al más intenso. El paso previo por la sala de los sentidos sirvió para darme cuenta de algunos de los olores que sentía mientras cataba, así que parece que aprendí bien. O al menos eso creo.

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Al terminar esta parte de la “experiencia Vinolia” uno puede volver a la “Sala de los sentidos” y seguir “jugando” con el olfato, si es que te faltaron algunos. Vinolia también tiene su emporio donde puedes comprar los vinos que probaste u otros también. Y no solo eso, sino que encuentras artesanía chilena ideal para complementar en un regalo si ya llevas un vino para obsequiar. U obsequiártelo a ti mismo (eso nunca es malo).

Dónde queda: Alonso de Monroy 2869, local 5. Vitacura. Santiago. Chile.

Horario emporio: Lunes a sábado de 11 a 23 horas.

Horarios tour: Lunes a sábado 16.30 horas, 18.30 horas y 20.30 horas.

Duración tour: 1 hora.

Valor: CL$32.500 (US$50 aproximadamente). Aunque tienen constantes promociones.

Para saber más, visita la página de Vinolia.

 

* Agradecimientos a Vinolia y su invitación a AChileTB. Especialmente a Mónica de Alma Viajera Moda, que fue quien gestionó la visita. ¡Muchas gracias!